La inclusión no tiene que ser forzada

inclusion forzada

La diversidad en obras audiovisuales no es forzada a no ser que el autor se autocensure

Mi sueño por excelencia siempre ha sido escribir un libro y convertirme en autora. Así que por mi cabeza van rondando argumentos para novelas que, de vez en cuando, desarrollo. Eso sí, la mayoría de ellos se me quedan a medias porque terminan pareciéndome una basura, pero de mi falta de confianza en mis habilidades textiles (que no textiles de ropa, sino de texto) no hemos venido hoy a hablar.

El caso es que estaba escribiendo el guión de un cómic que estoy haciendo con mi pareja cuando me puse a pensar en si los personajes eran lo suficientemente diversos. El cómic se basa en la mitología celta, concretamente en Galicia. Por ello, me los había imaginado a todos blancos. “Y entonces que hago, ¿meto a un personaje negro como token?”, pensé.

“No, eso sería aún peor”, me respondí. Poner a un personaje secundario racializado en una historia dominada por blancos me parece aún más ofensivo que no poner ninguno. Imaginemos la situación al revés: todos negros y un blanco. ¿Tiene sentido? No. Y tampoco es diverso. Es un token.

Finalmente, estuve razonando un buen rato hasta que llegué a la conclusión de que los celtas pertenecían todos a una misma raza, por lo que no tenía sentido que aparecieran personajes negros en una época en la que ni siquiera se sabía qué era África o si había otro continente más allá del mar.

Entonces llegué al tema de la visibilidad LGTBI. Llevaba tiempo barajando si hacer a la protagonista bisexual pero, ¿qué sentido tenía hacerlo si sus únicos intereses amorosos iban a ser hombres? ¿En qué iba a ayudar poner un personaje bisexual que jamás manifestaba su bisexualidad o, si lo hacía, tendría que hacerlo con calzador, babeando por alguna mujer como hace el personaje de Kristen Bell en “The Good Place”? No, no tenía sentido. Y no aportaba nada a la trama. De hecho, hasta podría resultar ofensivo, como las escenas de la susodicha serie en las que Bell se queda con la lengua colgando como un perro al besar a una mujer en una realidad simulada que su otro interés amoroso (hombre) cancela de repente, provocando que el beso ni siquiera se llegue a ver.

Como el asunto no fluía decidí seguir escribiendo sin pensar en el asunto, hasta que empecé a construir un personaje basado en un hombre que se describe en la mitología celta como “el más bello”. Y, mientras iba imaginándome su historia, inconscientemente lo convertí en una mujer transexual. Y encajaba perfectamente. No quedaba forzado. Simplemente, el personaje se había desarrollado de esa manera y me había contado su historia de forma que, al dibujarse en mi mente, se había convertido indudablemente en una mujer.

Y ahí fue cuando me di cuenta de que, hasta el momento, me había estado forzando a meter a personajes diversos en mi historia porque sí, porque me estaba autocensurando (o todo lo contrario, si es que existe la palabra… ¿autoliberando? ¿Anticensurando? Anticensurando me gusta). Lo que había hecho era intentar cumplir un cupo, un token que no respondía orgánicamente a la construcción del cómic. Solo con la llegada del hombre más bello del mundo, ahora convertido en la mujer más bella del mundo, me había dado cuenta de que los personajes que estaba creando en mi cabeza tenían vida propia, una historia propia y no era yo quien la escribía, sino ellos quienes me la contaban. Y eso era algo que tenía que fluir.

Y aquí llegamos al quid de la cuestión, ¿es forzado meter personajes diversos en obras audiovisuales, literarias o gráficas?

Mi respuesta se encuentra en el medio, como todas las respuestas que doy a todo últimamente (porque, como Aristóteles, sólo sé que no sé nada): ni sí ni no.

Sentirse identificado con los personajes es muy importante

En parte, no. Necesitamos que haya más diversidad en las obras culturales por el simple hecho de que estamos obviando a una parte de la población que también consume esas obras y que tienen el derecho de verse representados. Necesitamos que aparezcan personajes gays, negros, transexuales o discapacitados porque así los niños y niñas fans de series, mangas y películas que lo sean tendrán a alguien con quien sentirse identificados y a quién admirar.

Sentirse identificado con un personaje, ¡qué cosa más bonita! A mí me pasó por primera vez con Spinelli de “La banda del patio” (que vuelvan los noventa, por favor). Ella era tan marimacho como yo, y me hizo darme cuenta de que yo no era un bicho raro, sino una niña muy molona cuya diferencia era su característica más especial.

Además, hay obras en las que, simplemente, la diversidad TIENE que estar. Por ejemplo: en The Umbrella Academy, el cómic, un hombre adopta a siete bebés de diferentes partes del mundo que tienen superpoderes, pero todos son BLANCOS. ¿Eso tiene sentido? Menuda casualidad. Sin embargo, en la serie de Netflix el casting es diverso. Eso SÍ tiene todo el sentido del mundo.

Caridad no, justicia sí

Pero, en parte, sí que puede llegar a ser forzado eso de la diversidad. Porque lo que no necesitamos es meterlos a calzador solo para hacerle un favor a esas minorías o, en el caso de las grandes multinacionales, mejorar el marketing y la imagen de un producto. Porque, al final, cuando se hace algo para hacer un favor a una minoría, lo que se está haciendo es caridad. Y las minorías no necesitan caridad, ni la quieren: necesitan justicia.

Esa justicia solo se consigue en obras donde los personajes diversos encajan de forma orgánica y son auténticos. A-U-T-É-N-T-I-C-O-S. Tan auténticos que no importa si eres blanco, negro o de color arco-iris: se convierten en tus personajes favoritos porque te flipa cómo son, lo reales que parecen.

Y, sobre todo, ¿sabéis lo que necesitamos? Necesitamos que más autores negros, lesbianas, discapacitados… publiquen y se hagan autores. ¿Por qué? Bueno, pues porque, ¿qué sé yo de lo que es ser una mujer racializada? No sé absolutamente nada. ¿Cómo puedo contar una historia de la que no sé nada ? ¿Cómo puedo empatizar con el personaje, comprenderlo, desde mi privilegio de mujer blanca?

Obviamente, esto no quiere decir que yo no pueda meter en mis novelas personajes racializados. Lo que quiere decir es que, si quiero escribir una trama en la que la protagonista sea una mujer negra que sufre acoso en su trabajo porque su jefe es racista, no voy a hacerlo tan bien como podría hacerlo alguien que lo haya vivido.

Y ahí está el problema de por qué no hay representación en el mundo de la cultura de las minorías: está dominado por hombres blancos y heterosexuales que cuentan sus historias desde su propia perspectiva y que, como favor, meten a algún personaje diverso entre los demás. Podrán forzarse todo lo que quieran a contar historias más diversas pero, ¿querrán de verdad? ¿Querrán obligarse a sí mismos a convertir a Gandalf en una persona racializada para ser políticamente correctos o eso les hará perder autenticidad en sus obras?

Yo, amigos, creo que la diversidad no es forzada mientras el autor no la haya metido por quedar bien. Al fin y al cabo, ¿a quién le gusta una persona que está más pendiente de quedar bien con los demás que de estar bien consigo misma?

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